lunes, 11 de julio de 2011

Decisiones a la Ligera - IV

¿Si? ¿No?
Maldición.
¿Si? ¿No?

Neopureza, Alfa.

Canción de lo calmo y sereno,
como un reclamo más allá del tiempo,
te invoco y exijo,
pues mi alma se agita,

por tus labios
por tu sexo,
¡Por una chica!

Renovado frescor de pasión nunca dormida,
Mi pecho retumba,
mis labios te miran,
soñando el beso que despierte el infierno en nuestra piel.

Solo probarte sería caer.

Penas de azucar, Uno.

Vuela en círculos concéntricos sobre él,
y en cuanto se abre mi cráneo,
aterriza dejando su semilla impía.

Negra mariposa,
aletea arrasando campos y ciudades,
Malvada e ignorante,
no deja un solo mañana.

Entonces estalla,
y el frágil vídreo de mis huesos,
se astilla y me perfora.

Mi cabeza se abre al sol,
brillante estrella de vídreo calcinado,
irradiada por la ira de Dios:
negra corona de afilado azabache
que infecta mi corriente sanguíneo.

Me rompo y caigo.
Y me rompo y caigo.
Y me rompo...

Al final queda de mi una papilla balbuceante,
puré de sangre y sesos,
cargado de mil y una esquirlas de culpa,
una por reproche.

Y siempre, siempre,
lo ve venir,
y siempre, es tarde.
Tengo las armas cargadas
aristas en cada suave caricia,
mientras los nudillos se hunden en el mar "azul gotelé".

Escupo y lloro, y la rabia me inunda,
y cada vez que exhalas tu odio,
mi médula espinal arde en un eléctrico dolor púrpura.

El fuego consume mi pecho de dentro a fuera,
y mientras me derrito y deshago, me siento particularmente solo, más según avanza el tiempo.

Tampoco es importante, pero a veces resulta agotador.

Salvajismo, #7

El imaginar de tu salobre sabor,
me lleva lejos,

más allá de la cordura,
más allá de la locura,
más allá de la razón.

Y mientras mis labios solo sueñan con poblar los tuyos,
mi cabeza cruje y se debate,
entre el puedo y el no.

Aunque se que no habré de ser yo.
Que no habrán de ser mis labios los que abracen en sangre envueltos los tuyos,
Que no habrán de ser mis manos las que naveguen, locas, a la deriva por lo oculto de tu cuerpo.
Que no habrá de ser mi felicidad la que esté compuesta para crear la tuya.

Se que soy y eres,
y que nunca fuimos,
y que no somos,
y que jamás seremos,

pero nunca dejaré de contemplarte, admirando, perdiendo mi vista en el lugar donde pondría mis labios por los trazos de tu cuerpo.

Salvajismo, #6

Zaragoza, tierra mítica de mis pueriles sueños, te dejo atrás contra mi voluntad.

Salvajismo, #5

Llantos seniles, por falta de atención, antes cicuta, que la verdadera muerte; que no pierda mano o mente: si dios lo permite, que (yo) no llegue a viejo.